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Renault Mégane Grand Tour 2.0 16v.

Renault Mégane Grand Tour 2.0 16v.

Hoy probamos la versión familiar del superventas de Renault

Son muchas las marcas que tienen entre sus modelos coches familiares que lo son más por su aspecto que por su funcionalidad. A veces esto ocurre porque las exigencias del mercado fuerzan diseños que luego no solventan por dentro lo que por fuera aparentan. En el caso de los coches familiares, este particular aturde bastante a quienes llegan a comprobarlo y no entienden bien por qué un coche de aspecto familiar es estrecho por dentro, tiene un maletero exiguo, y no aloja con comodidad a lo que, en teoría, debería respetar por encima de todo, es decir, a una familia.

El problema radica cuando, ya sea por razones industriales o de presupuesto, se elige una plataforma para desarrollar la versión familiar que sí soporta el diseño, pero que no resuelve su peculiar carácter.

El caso del Mégane es un ejemplo de cómo se han de plantear las distintas variaciones de un modelo. Una manera inteligente de esculpir una gran familia de versiones, que en el caso de este Renault tendrá nada menos que hasta siete carrocerías distintas, de las que el Grand Tour es la quinta variante, y todas paridas desde el patrón más pequeño, el que da vida a los Mégane compactos de tres y cinco puertas.

Carroceria

La versión que acude a estas líneas corresponde al familiar típico, dos volúmenes con espacio suficiente para dar cabida a cuatro adultos y a todo su equipaje. Tres niños en la parte trasera tampoco encontrarán problemas de espacio. Los asientos delanteros envuelven bien aunque se echa en falta algo más de profundidad en las banquetas, un poco cortas y por ello incómodas en largos recorridos. En las plazas traseras este particular coincide, pero la excelente medida que queda para las piernas vela cualquier duda sobre la comodidad de los pasajeros.

El maletero es soberbio, no sólo por su considerable tamaño, 520 litros, sino por las formas regulares que lo conforman. Además la baja altura del plano de carga facilita especialmente esa acción. Todas estas capacidades superan a las de su hermano mayor, el Laguna Grand Tour, que, bien mirado, sólo mejora al Mégane en la comodidad de sus asientos, el mullido de éstos y la altura de los respaldos, y ello siendo su longitud casi 20 centímetros mayor (195 milímetrros). Por si fuera poco, la diferencia de longitud no juega a favor del más grande, ni siquiera cuando se abaten los asientos ya que es siempre el Mégane el que más cubica, 1.600 litros por 1.500, en la configuración más amplia.

Motor

Aunque es la versión más potente de gasolina, este motor responde perfectamente al carácter familiar del coche. Con sus 136 caballos de potencia eroga la fuerza suficiente para no echarla en falta en cualquier circunstancia, pero su relación de cambio, escalonada huyendo de cualquier radicalismo, obliga a su conductor a recurrir a las marchas más cortas en algunos adelantamientos.

Este motor, ya conocido por equipar a otras versiones de la familia Mégane, resulta algo ruidoso en ésta, lo que debe ser achacado a una menor insonorización del habitáculo.

Los consumos, sin ser excesivos, tampoco son parcos y quien busca un coche para muchos kilómetros al año debería plantearse la opción diésel. Una opción que suele combinar a la perfección con coches familiares por antonomasia y éste sin duda lo es, por talante y espacio.

Comportamiento

Con una longitud de 4,50 metros, el Mégane Grand Tour conserva la agilidad de sus variantes más cortas, la de tres y cinco puertas, pero añade el grado de confort que aporta su mayor distancia entre ejes. Recordemos que es un coche de carácter familiar. Las suspensiones también obedecen a este esquema primando el confort ante todo, algo que puede resultar a veces demasiado blando o impreciso en curvas muy amplias y a alta velocidad, pero que en trayectos largos se agradece. La dirección, de asistencia eléctrica, tiene, como en sus hermanos, un tacto al que hay que acostumbrarse, y en esta versión especialmente, ya que su mayor peso ha influido sin duda en los reglajes.

Los controles de tracción y estabilidad (ASR y ESP), que en esta versión se ofrecen como opción con un sobreprecio de 624 euros, aunque no son necesarios para disfrutar al máximo de la conducción del coche, nunca están de más.

El sistema de frenos cumple su función sin problemas, el tacto del pedal es correcto y abusar de éste no se ve reflejado en una pérdida de eficacia del circuito.

Conclusión

Aquellos que siguen fieles a los familiares tradicionales, que no se atreven con las novedosas formas de los monovolúmenes compactos, tienen en el Mégane Grand Tour una opción excelente. Es un coche que consigue, con un tamaño exterior medio, un espacio interior soberbio. Además es cómodo, está bien acabado y su equipamiento de serie está por encima de la media. Si no se yerra en la elección del motor, el Grand Tour es una de las versiones más inteligentes.

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